Gracias a la persona que alguna vez creyó en mí y me la presentó.
viernes, 27 de febrero de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
¿Es un cuento?

Era el primer día de clases. Él, el muchacho nuevo, había llegado recién ese año, no conocía a nadie, sus ojos reflejaban cierto temor, se sentó en la última carpeta del extremo derecho, creo que si hubiera podido escapar corriendo del salón lo habría hecho. Era delgado, algo alto, al menos más alto que la mayoría de niños de su salón. Cabellos castaños, ojos un poco tristes, pero que manifestaban una sensibilidad única. En ese salón habían cerca de 40 niños, más o menos de la misma edad. La profesora dijo, “hay dos alumnos nuevos en la clase”. Ni si quiera había terminado de decir esta frase y él sentía como sus mejillas se iban poniendo coloradas. "¿Quién es Arturo?", Arturo se levantó rápidamente de su asiento. “Y bueno Arturo, cuéntanos algo de ti, de qué colegio vienes, dónde vives, lo que tú quieras”. Arturo, dio un buen discurso, habló sobre lo que fue, es y quiere ser. Para tener 9 años hablaba bastante bien, la profesora quedó admirada con su elocuencia. Los compañeros de clase lo escucharon atentamente, raro en ellos que nunca escuchaban nada. Parecía que se perfilaba un nuevo “popular del salón”. Sólo a una niña le pareció un charlatán, pensó “futuro político, o tal vez peor”. Sólo ella, pensó así.
Todos habían escuchado atentamente el discurso, bueno casi todos, sólo él no lo escuchó, estaba nervioso, no sabía qué decir, estaba esperando que la maestra olvidara presentarlo, que hubiera un temblor, que el otro niño siguiera hablando tanto o le hicieran preguntas que se acabara el tiempo, “por favor que no llegue mi turno”.
- Gracias Arturo, un placer tenerte con nosotros. ¿Carlos?... ¿Quién es Carlos? … ¿Ha venido Carlos? Tú debes ser Carlos - dijo mirándolo – Preséntate por favor.
En ese momento él no sabía que la profesora ya había estado con ese grupo el año anterior y no se explicaba cómo es que tenía la certeza de que él era Carlos. Pensó tal vez, que habían sido los fuertes latidos de su corazón lo que le habían delatado. Sentía todas las miradas sobre él, algunas sonrisitas...
- y bien Carlos, ¿qué nos puedes contar sobre ti?
- Ehhhhhh.....
- Te estamos esperando Carlos, en un par de horas tenemos que salir al break, no tenemos todo el día.
- (Risitas)
Al otro extremo del salón, ella, no se reía, simplemente pensó que era bueno que ella nunca haya sido la nueva, porque no sabría que decir.
- Mi no-nombre es Carlos,... tengo 9 a-años, acabo de mu-mudarme con mi fa-familia.
- ¿Nada más? – Preguntó la profesora Amelia, él con la cabeza indicó que no – Gracias Carlos.
En la última fila del extremo izquierdo estaba ella. Una niña regordeta, morena, nada guapa, inteligente, al menos eso creían todos, ojos grandes, que reflejaban una tristeza inmensa, cabellos negros y ondulados, siempre llevaba una coleta con la que su mamá la peinaba cada mañana.. Ella había estudiado ahí desde el primer año. Conocía los nombres de todas las personas que estudiaban con ella. A pesar de eso no tenía amigos. La frase que más había escuchado en los últimos años era: “Katty, ¿me puedo sentar detrás tuyo en el examen?”. Poco estudiosa, pero al parecer bastante despierta, al menos lo suficiente para salir aprobada en los exámenes sin necesidad de estudiar. Huraña, arisca, “seca”, poco expresiva, desconfiada. No siempre fue así, recuerda que alguna vez estuvo en elenco de danza, solían llamarle la atención por conversadora y por no prestar mucha atención en las clases, le gustaba practicar deportes (aunque no fuera nada buena). Ni ella misma sabe explicar cuándo cambió todo eso.
Le gustaba mucho los cursos de números, pero generalmente se aburría en clase, miraba el techo y se ponía a imaginar cosas. Desde esa edad, ya se imaginaba cómo serían sus hijos, en qué trabajaría, y cosas así. A veces llegaba la profesora, la notaba distraída, como en otra parte:
- ¿Por qué no estás haciendo lo ejercicios que he dejado en vez de estar mirando en el techo? ¿Acaso el techo tiene las respuestas? – Y se ponía a observar el techo – Yo no las veo ahí, haz tus ejercicios de matemática.
- Ya los terminé. – Respondía casi susurrando.
- Me hubieras avisado, ven para dejarte más.
La profesora ya estaba acostumbrada a esa rapidez, la única forma de entretenerla era dejándole más ejercicios y aún así terminaba antes que muchos de sus compañeros. Alguna que otra vez, alguien le preguntaba en la clase “¿Me prestas tu cuaderno para copiarme lo que has hecho?”, sin responder le entregaba su cuaderno, pensaba que tal vez así haría amigos. Se desconectaba mucho en clase, volaba a kilómetros y años de distancia.
No le gustaba mucho la gente que se hacía notar, tal vez porque ella no era así.
A veces, ella y él se encontraban durante la hora del recreo, cada uno oculto en un lugar del patio, como deseando, que esos minutos (que los demás niños ansiaban tanto), terminaran pronto. Se escondían para que nadie más notara lo solos que estaban. En las ocasiones que coincidían, se miraban, hacían un remedo de sonrisa. A pesar de que lo ansiaban, ninguno de los 2 se atrevía a hablarse, tal vez se hubieran dado cuenta que tenían muchas cosas en común, tal vez hubieran podido cambiar ese momento incómodo, tal vez no se hubieran sentido tan solos, tal vez se hubieran sentido comprendidos.
Ese año, ambos harían la Primera Comunión. Recuerdan el día que iban a confesarse por primera vez, los otros niños intercambiaban “pecados”, “¿alguna vez has robado? Yo sí”, escuchaban decir a una niña por ahí. Una niña se volteó y le preguntó a él: “¿Tienes muchos pecados?”. Él quiso responderle que sí, e inventarse una serie de pecados inimaginables, pero en vez de eso sólo le subió los hombros.
La profesora, Amelia, les dijo que ese día no les dictaría clases, que les daría el día libre para que reflexionaran. Agregó además, que si necesitaban de su ayuda, que si querían hablar con ella de cualquier cosa se acercaran a su pupitre que ella los escucharía. Ella vio como una niña se acercaba a la profesora y hablaban. Sintió ganas de ir a hablar con la profesora y contarle lo que pasaba en casa de su abuela. Quería saber si eso era su culpa, o peor aún si era pecado. Sabía que algo de malo debía tener, ya que cada vez sentía más rechazo por las cosas que le estaban pasando. “Pero... si le cuento, ¿qué pensará de mí?, ¿y si dice que es mi culpa? ¿Y si se lo cuenta a mis papás? Mejor no diré nada". Siempre tuvo miedo de darse cuenta que la culpa era de ella.
Vio al otro extremo del salón, lo vio a él, con cara de asustado, casi como la de ella, frotándose las manos de nervios, intranquilo. Él la miró a ella, y no dejaron de verse, no se hicieron gesto alguna, pero de alguna manera, cada uno podía sentir el miedo del otro. ¿Sería por el mismo motivo? ¿Tendrían la misma duda?
Si hubieran hablado, la profesora Amelia ¿habría hecho algo por ellos?
Al año siguiente, tenían nueva profesora, un poco pesada, Esther, pero todo trascurrió más o menos con la misma normalidad. Llegó el día de la primera entrega de boletas de calificaciones, donde asistían los padres de todos los alumnos.
Él estaba nervioso, esperando que sus padres llegaran con sus calificaciones, esperando que hubiera ocurrido un milagro y haberlo aprobado todo, no era mal alumno, pero habían cursos que le costaban más que otros, además sabía que no había sido un buen año. Al llegar su papá, le propinó varios insultos y golpizas, que le dolieron más en el corazón.
Ella esperaba tranquilamente en su casa a su papá, sabía que había sido un buen año, en realidad, nunca era un mal año. Cuando llegó su papá ella esperaba la gran sonrisa de felicitación, un abrazo... algo, en cambio de eso, su papá comenzó a gritarla, “tu profesora me ha dicho que puedes tener excelentes calificaciones, pero que como personas dejas mucho que desear. Que no te relacionas con nadie y no tienes amigos. A partir del día de mañana, quiero que tengas más amigos y converses más con la gente”. Ella se sentía aterrada, no le preocupaba tanto los gritos de su papá, lo que más le preocupaba era eso que le iba a obligar a hacer… “hacer amigos” ¿Cómo se hace eso?.
Ninguno de los 2 pudo dormir esa noche.
Al día siguiente, los 2 tristes, escondidos en el patio, uno muy cerca del otro, pero como siempre sin decirse nada, él respiró muy hondo, se armó de valor, se acercó y le preguntó:
- Katty, ¿qué te pasa?, ¿porqué estás triste? Debes tener buenas calificaciones, no lo entiendo.
- La profesora le dijo a mi papá que no tengo amigos y mi papá se enfadó.
- Pero al menos tienes buenas calificaciones, mi padre se enfadó por que las mías son malas y además no tengo amigos. Me ha golpeado ayer muy fuerte.
- Lo siento, ¿te hizo mucho daño?
- Ya estoy casi acostumbrado, claro que siempre duele.
- Lo siento – Sacó un caramelo de fresa de uno de sus bolsillos y se lo dio. Sabía que no era buena con las palabras y que era la única forma de expresar que lo sentía de verdad.
- Gracias.
Sacó el envoltorio del caramelo y se lo comió con gusto. Era la primera vez que hablaban, antes la conversación más larga que habían tenido no había pasado de un simple “hola”, ya que los dos eran muy educados. A pesar de eso, hablaron con mucha naturalidad, como si lo hicieran todos los días o se conocieran de años. Tal vez era eso, no se conocían, pero en cierta forma sabían por lo que pasaba el otro. Y a pesar de que era la primera vez que hablaban así, los dos sentían mucha confianza.
- Sabes se me ocurre, que yo puedo ser tu amigo. Así tu papá no se enojará contigo por no tener amigos. Yo también ganaría una amiga. ¿Quieres ser mi amiga?
- Sí.
Antes de terminar el año, hubo un concurso de fotografía, "opcional", pero la maestra los obligó a todos a participar. Ella no tenía ganas, no le gustaba nada relacionado con el arte, pero tenía que cumplir, tomó una foto a la pared y dijo esta es la que voy a mandar, su padre tan perfeccionista, le sacó una foto ¿mejor? "vamos que tú puedes ganar este concurso", le dijo. Era la foto de un río.. Aún así, el día de entrega de las fotos ella intercambió los sobres y presentó la pared vacía, "al menos no me pondrán mala nota por no presentar la tarea", pensó; y cruzó los dedos porque su papá jamás se enterara lo que había hecho.
Él, un artista, un verdadero artista, ella que lo conocía, lo sabía. Ahora salían juntos al recreo, si alguno de los 2 faltaba por algún motivo, el otro se preocupaba y sentía que ese día no había sido muy bueno. Él generalmente le contaba algún sueño y ella le invitaba un sugus.
- Y ¿cuál es tu foto Carlangas? La mía ganará el concurso de la foto más vacía del mundo.
- Yo he fotografiado una flor - dijo orgulloso - No quiero ser poco modesto, pero es una flor preciosa.
- A ver...
- Me da vergüenza, mejor luego Katiuska.
- Está bien, pero me la muestras ¿si?
- Vale.
Entraron al salón, "póngale sus nombres a los sobres, y un jurado se encargará de sacar la mejor", dijo la bruja, como él y ella le decían a la profesora Esther. Él se acercó a ella.
- Lo prometido es deuda, si no te gusta no me lo digas.
- Es preciosa, has ganado ya. Toma un sugus, es tu premio por ser el mejor fotógrafo del mundo mundial.
Entregaron los sobres. Ese día al salir de la escuela, ella insistía que le dijera dónde había tomado tan preciosa foto. ¿Dónde has visto una flor así de bella? Por primera vez, él le contó a alguien de su nave espacial, aquella que parecía una cama, pero que de vez en cuando se convertía en nave espacial, sobre todo en las noches y podía viajar a sus sueños. Ella un poco incrédula le preguntó... "¿me puedes llevar contigo alguna noche?"
Viajaron juntos una noche, al lugar de los sueños de él, "ésta es la flor de tu foto", "sí", vieron y vivieron por unos momentos en sus sueños. Al día siguiente viajaron a los sueños de ella.
- Te tengo que confesar algo, acabo de ver que vas a ganar el concurso.
- Ja Ja, eres muy bromista ¿qué sentido del humor? Regresemos, que mañana tenemos que estar temprano en el colegio.
- Bueno, no tengo ganas de ver a la bruja, pero mañana es la premiación, tu premiación.
- Vámonos ya.
Al día siguiente, la premiación, "atentos que voy a anunciar al ganador", se miraron de un extremo al otro del salón, sintieron redobles de tambores (rrrrrrrrrrrrrrr).
- Cabe resaltar que han habido fotos muy buenas y ha costado trabajo decidir, claro que hubieron otras que no entendimos, parece que solo las entregaron por cumplir, en especial una en la que no había nada - La bruja, perdón, la profesora, la miró a ella y ella sintió las miradas de los demás.- El ganador es ...... Carlos.
Aunque él no se lo creía, se pusó de pie a insistencia de los demás, y salió al frente, tan emocionado como ruborizado. Mientras él caminaba, ella se pusó de pie para aplaudirlo, por primera vez no le importó lo que pensaran otros. Se sentía muy emocionada, más que si ella hubiera sido la ganadora.
- Y podemos saber ¿porqué ha ganado? ¿cuál ha sido su foto?- dijo Arturo.
- Por su puesto, Carlos, muéstrale a todos sus compañeros la maravillosa foto que has tomado, aunque no me explicó de dónde has sacado esa foto.
- Bruja - susurró ella.
Él mostró su foto, orgulloso...

Todos aplaudieron y a Arturo no le quedó más remedio que quedarse callado y aplaudir con los demás. Se armó todo un lío en el salón, se acercaron a él, lo felicitaban con una palmada en la espalda los niños y las niñas coqueteándole, le preguntaban ¿dónde había tomado esa foto?. Él no respondía, solamente disfrutaba de la magia de ese momento.
- Muchas gracias, puedes regresar a tu sitio.
Aún con la emoción a flor de piel y mostrando la foto ganadora, él regresó a su sitio, al llegar vio muchos sugus de su sabor favorito y una notita que decía "¿te lo dije o no? Estoy muy orgullosa". Se miraron de extremo a extremo del salón, se sonrieron y guiñaron un ojo.
Y así comenzó una amistad verdadera, conversaban mucho, se contaban historias de naves espaciales, sueños, ilusiones, compartieron sus secretos más ocultos y lloraron juntos. Han jugado en la nieve y han compartido pizzas, se han aconsejado. Ya no viven muy cerca, nunca vivieron muy cerca, pero todo esto lo han podido hacer a través de la nave espacial de él. La busca cuando alguno de ellos se siente triste, toca la ventana de su habitación y se van a pasear.
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